Maldito Albert Pla

Se me ocurrió buscar en la Web la letra de Maldita ciudad, porque había una parte en la que no estaba seguro de haber entendido correctamente el castellano de Albert Pla. Mala idea. Ahora no sé si me topé con una mala transcripción o si sencillamente estoy a un paso (hacia adelante o hacia atrás) de ser un teporocho indigente.

Para mi sorpresa, descubrí que el malentendido no estaba en donde yo creía, sino donde todo estaba bajo control. Suele pasar. Aquí intercalo la versión «oficial», o versión Pla, con aquella que mis órganos auditivos tuvieron a bien recrear para engañar a mi subconciente, y así obligarlo a sacar a la luz mis rincones siniestros favoritos. Ésta es la versión Pi. Bueno, sólo pongo las partes de Pi que son diferentes a las correspondientes de Pla (a contunuación de éstas). Por cierto que además me permití jugar un poco con la puntuación, que normalmente se ignora en estas transcripciones. Lo que está entre paréntesis es una transcripción fonética de la grabación.

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Maldita ciudad

Nunca acaba esta noche, nunca acaba…
Ya pasa poca gente por la calle…
Todos duermen, ¡malditos…! ¡Descansan,
y esta noche nunca acaba!

[NOTA] Hasta aquí todo va bien. ¿Me sigues? Bueno.

Todo parece tranquilo y en paz:
las penas diarias fueron arrojadas,
como la ropa vieja y usada…
Y esta noche nunca acaba.

[NOTA] Aquí es donde empieza mi agonía bueno, quizás estoy exagerando un poco.

Sólo yo voy sin rumbo en la calle…
Piso la ciudad; la insulto y la escupo,
pero… ¡Ese saber que nadie te espera

[NOTA] La línea anterior era la que originalmente me hacía dudar -resultó ser tal como como yo la había oído.

hace enemiga la calle desierta,

[PI] (la) hace más mía (a) la calle desierta,

[NOTA] En la línea anterior, Pi tiene un sentido opuesto a Pla, mientras que la línea que sigue es igual en ambas versiones -curiosamente, aún así, la letra tiene sentido.

y hace tan siniestra esa calle poblada…!

[NOTA] …que, si me estás siguiendo, es la misma calle desierta, pero de día. En Pla son dos calles diferentes (y la figura retórica pierde fuerza, porque en ese caso, el paralelismo no contrasta para dar un nuevo significado; tan sólo ennumera… pero dejemos eso, porque aquí es la sección de nota roja, no la cultural).

Por eso mis pies, por eso mis pies,
por eso mis pies pisan tu espalda,

maldita ciudad, maldita ciudad…
Maldita ciudad, maldita ciudad.

[NOTA] Atención: vuelve a concentrarte, ¿quieres?

Sólo yo voy sin rumbo en la calle,
pero los bares ya ni me saludan,

[PI] pero los bares ¡vienen (y) me saludan!

[NOTA] En Pi, los signos de admiración de la línea anterior son precisamente eso: los bares acuden amistosamente al encuentro del noctámbulo trashumante. Dime tú si no sería para admirarse (ésto se llama argumentatio ab scriptorum. Pero volvamos). Otra vez, eso no obsta para que la letra siga teniendo coherencia interna… ¿Será el delirium tremens?

las ventanas me cierran sus ojos…

[NOTA] ¿Lo ves? Si las ventanas cierran los ojos, ¿por qué los bares no van a poder estirar las piernas y venir a saludarme? Ni me detengo a hablar del asunto. No soy poeta.
No hay más sorpresas de aquí en adelante.

Miro la cartelera del cine:
¡No echan nada esta noche…!
Y esta noche nunca acaba.

¡Ojalá que llegara
el fin del mundo esta noche!
Y esta noche no acaba, no, nunca acaba.

Maldita ciudad, maldita ciudad…
Maldita ciudad, maldita ciudad.

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Pues bien:

Algunos de mis lectores captaron inmediatamente hacia dónde me llevó mi confusión. Donde Albert Pla hace una recriminación franca a la ciudad y sus pacíficos moradores, yo encontré un involucramiento emotivo neurótico, irracional, los remanentes de un corazón descorazonado; lo que llaman por ahí una relación amor-odio. Que es precisamente el sentimiento que albergamos muchos citadinos hacia el monstruo que nos devoró al nacer y que nos alimenta dentro de su vientre (es decir, la ciudad; la de cada quien, desde luego).

.

¿Que qué?

Como lo oyes.

He aquí, muy al estilo PowerPoint™, la interpretación (traducción) que hice de esta pieza desde mi primera audición hasta que encontré la maldita transcripción.

  • Estoy solo. Es de noche; pasan las horas, pero no puedo dormir (ésta fue la parte fácil de interpretar).
  • ¿Porqué demonios son todos tan felices (menos yo)? ¿Qué les da derecho a conciliar el sueño, mientras que yo salgo a la calle porque no puedo dormir? ¿Son tan superficiales que simplemente arrojan esta angustia a un lado de la cama antes de dormir, o sucede que yo no soy tan equilibrado y racional como ustedes? Mientras delibero esa cuestión, por mi parte todos pueden ir a pudrirse en el infierno. O leer esto:

    No quiero paz, no hay paz,
    quiero mi soledad.
    Quiero mi corazón desnudo
    para tirarlo a la calle,
    quiero quedarme sordomudo.
    Que nadie me visite,
    que yo no mire a nadie,
    y que si hay alguien, como yo, con asco,
    que se lo trague.
    Quiero mi soledad,
    no quiero paz, no hay paz.

  • Camino las calles. No puedo liberar la rabia que siento, pero la calle es indestructible e inerme, así que me desahogo sobre ella; la insulto y la escupo (y seguramente algunas cosas, probablemente penadas por el código civil).
  • Pero hay más… en la calle no encuentro caras felices que hagan más amargas estas horas. Nadie que reproche mi tristeza. A esta hora, la ciudad es mi confidente, mi refugio, mi amante. De día, es tan terrible que no quiero salir.
  • En esta parte (¡ahora veo la luz!) mi razón tuvo que violentar con especial cariño lo que me decían mis orejas:

    por eso mis pies pisan tu espalda

    Aquí llega a su punto máximo la tensión entre los sentimientos encontrados hacia la ciudad: ¿Piso su espalda -la calle- como un violador, con mis zapatos de trabajo, o como un fetichista de los tacones de aguja? El amante ama con todo su cuerpo, con todas sus emociones… Nótese: la ciudad es amada y odiada, es ángel y monstruo, así que la caricia puede tomar formas extrañas…
    Pero deliberadamente dejo sin resolver esa cuestión para devolverme sobre la reiteración que precede a la apoteosis: piso su espalda, cuatro veces, una tras otra, como contándolas:

    Habría que bajar a una calle desierta
    y con las manos en la bolsas, despacio,
    caminar con mis pies e irles diciendo:
    uno, dos, tres, cuatro…

    ¿Alguna vez has estado tan borracha o borracho que tengas que hacer un verdadero esfuerzo de concentración para poder caminar? El ensimismamiento del borracho en sus propios pies es tal que acaba tan absorto en la acción como el amante que acaricia (después lo verás alejarse, hablando con un ser invisible…). La idea recurrente termina en una explosión climática que señala la caída, la derrota, la impotencia… Maldita ciudad.

  • La gente de bien cierra sus ventanas a mi paso. No me extraña (¡malditos!) ni me importa: ¡La ciudad de la noche me saluda! ¡Bares, congales y burdeles me seducen! ¿Quién sabe? ¡Tal vez ahí esté lo que busco!

[PENDIENTE] El razonamiento parte del desprecio hacia el desgraciado, y va hacia Esta figura, característica de Pla, decanta lo mejor de su arte: ingenio, jugueteo, ironía. Curiosamente, esto también resultó ser falso.
[PENDIENTE] Poner ejemplo con otra rola del mismo disco.

Literariamente, el resto de la letra no es sino relleno.

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2 comentarios

  1. si quiero! que tengo que hacer¿?


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